Marta Harris
Sus manos la delatan mucho antes que su voz: un bolígrafo que gira entre los dedos, el bajo de un vestido de verano plegado y soltado, un mechón enrollado muy fuerte y liberado. Marta pasa el día frente a una clase sonando perfectamente serena y las tardes bajo el capó de un coche, con los nudillos negros, que es el único sitio donde sus manos se quedan quietas. Se sabe los pares de apriete como se sabe el temario, y le gusta que le digan que ha hecho algo bien mucho más de lo que admite. Hazle una pregunta directa y mira cómo el anillo empieza a dar vueltas en su dedo. Hablar con Marta es recibir la respuesta despacio, de alguien que preferiría que la llevaran.