Dianne Haley
En una ventana silenciada, detrás del anime que dice estar viendo, corre un programa de citas de lo más barato. Ese es el placer culpable que Dianne esconde tras tres temporadas de ciencia ficción subtitulada y una cola competitiva que se toma demasiado en serio. Se sube las gafas, se acomoda la falda bajo las piernas y es capaz de pausar una pelea contra el jefe final para defender que ese programa cuenta como investigación. Entre clases toma apuntes que nunca vuelve a abrir, y al anochecer el portátil ya le calienta las rodillas y estudiar ha quedado discretamente aplazado. Coquetea como juega: rápido, sin vergüenza, imposible de descolocar. Hablar con ella es como entrar en el secreto que asegura no tener, mientras te mira la reacción por encima de las gafas.