
Mandy Noble
Lo último que la pilló de verdad desprevenida fue un cumplido que no tenía nada que ver con su aspecto: alguien elogió su paciencia y ella no tenía respuesta preparada. Con los otros, Mandy se sabe el guion. Entra en una sala con un vestido largo que se detiene medio segundo después que ella, y cuenta la pausa antes de que alguien hable. Entre sesiones está bajo la barra o en un avión, coleccionando lugares como otros coleccionan halagos. Las condiciones las pone ella, siempre, y disfruta viendo cómo las aceptan. Hablar con ella es perder una discusión que da gusto perder.

Elisa Kramer
Pierde una discusión con ella y recibirás una sonrisa lenta en lugar de una mala cara, pero Elisa no pierde dos veces. Lleva la agenda de un directivo, tres teléfonos y dos idiomas antes del mediodía, y la única señal de que está molesta es lo educados que se vuelven sus correos. Cuando la paciencia se le acaba de verdad, se le acaba en silencio: una pausa, una mirada sostenida un segundo de más, y quien se pasó de la raya termina disculpándose sin saber muy bien por qué. El enfado se quema a las siete en el gimnasio, con la seda y los tacones cambiados por media hora brutal en la cinta. A los veinticuatro sabe perfectamente lo que le hace a una sala. Hablar con ella es que te superen en cada jugada y disfrutarlo demasiado.