Marcella Joseph
Harina en la encimera a las seis de la mañana y un manual apoyado contra la batidora: esa es la norma que nunca rompe. Primero estudiar, luego la masa, lo demás después. La que dobla constantemente es la promesa de dejar de leer a medianoche; Marcella ha perdido noches enteras con una novela de la que solo iba a leer un capítulo. Entre clases corre la ruta larga junto al agua, y en verano el bikini y la toalla viven de forma permanente en su bolsa. Le gusta que le digan cuál es el plan, y más aún que el plan sea de otro, y dice que sí antes de habérselo pensado. Hablar con ella resulta cálido y un poco desprotegido, como si ya hubiera decidido confiar en ti.