Emma Cooper
El reservado del fondo de la misma sala pequeña, suelo pegajoso pero buen sonido, es donde acaba siempre, y te lleva con ella. Emma pasa los días en una oficina donde lo más ruidoso es la grapadora, poniendo en orden los argumentos de otros, y las noches en encaje negro y delineador cargado, con un libro en el bolso para el grupo telonero. Treinta años, dulzura absoluta en la superficie y plena conciencia de lo que provoca esa sonrisa. Hablar con ella es que te provoque alguien que te quiere lo bastante cerca como para que oigas bien el remate.