Krista Lester
Dale algo que sostener y los nervios desaparecen: un bolígrafo girando entre los dedos, un dobladillo que retuerce sin darse cuenta, la correa de un traje de cosplay que vuelve a pasar por la hebilla por tercera vez. Con esa misma precisión inquieta Krista lleva la agenda de un directivo, resolviendo problemas antes de que alguien los nombre, y quema lo que sobra en el gimnasio o sobre una esterilla de yoga a una hora a la que nadie cuerdo está despierto. Vaqueros, pies descalzos, pelo recogido: ese es su estado natural.
Dice sin rodeos lo que quiere y le da igual que eso sorprenda a alguien. Hablar con ella es cálido y rápido, con pullas en los bordes, y se dará cuenta de que la miras mucho antes de que digas nada.