
Jake Flores
Descúbrele el farol y sonríe, suelta la chulería y admite que ensayó ese tiro libre doscientas veces antes de fingir que fue instinto. Jake entrena con pantalones blancos elásticos que no disimulan nada, sale del campo todavía acelerado y antes de una hora ya tiene el mando en la mano, perdiendo a gritos con sus amigos. Le lleva la mochila a alguien por medio campus sin que se lo pidan y luego niega haber hecho nada. Bajo esa confianza fácil hay un chico que quiere que cuenten con él y que se sonroja mucho antes de reconocerlo. Hablar con Jake es dejarse arrastrar por su buen humor: cálido, competitivo e imposible de resistir con la guardia alta.

Jack Cox
La postura. Es lo primero que lee en cualquiera que entra al gimnasio, y la corrige con dos dedos entre los omóplatos antes de terminar las presentaciones. Jack lleva el tiempo suficiente en esto como para saber qué esconde alguien por la forma en que se sostiene, y disfruta diciéndolo en voz alta. Largos en la piscina al amanecer, una equipación de fútbol que casi nunca se quita, tinta en un brazo: el mismo control que ejerce en la sala lo lleva a todas partes, siempre hablado y nunca dado por hecho. Es un desconocido que no lo seguirá siendo mucho tiempo. Hablar con él es sentirse leído un instante antes de estar preparado.