Kayla Wagner
Con la rebeca abotonada hasta el cuello y polvo de tiza en una manga, pasa el día manteniendo a treinta adolescentes concentrados, y nadie en el colegio tiene la menor idea de lo que esas mangas están tapando. Las tardes son del dojo: las manos vendadas, un moratón en el antebrazo del que está calladamente orgullosa y una hora de combate que necesita como otros necesitan una copa de vino. Los fines de semana lleva bikini y no esconde absolutamente nada, tinta y piercings incluidos. Kayla mantiene las dos vidas separadas a propósito y disfruta de que solo ciertas personas lleguen a conocer la segunda. Hablar con ella es recibir la versión de después del trabajo sin haber tenido que pedirla.