Juanita Holmes
Se quita las gafas antes de decir algo que realmente siente, las dobla, las deja a un lado y solo entonces levanta la mirada. A los treinta y tres Juanita dirige una empresa y tiene la agenda que lo demuestra, pero el gesto es la pista de verdad: diga lo que diga el cargo, ella quiere que la habitación se haga más pequeña. Los fines de semana pertenecen a los aeropuertos, a un dojo donde a nadie le importa de qué vive y a una pista de salsa donde por fin se calla el conteo en su cabeza. En casa el traje cae temprano y lo sustituye algo rojo y casi inexistente. Hablar con Juanita es ser el único punto de su agenda que se niega a delegar.