Leslie Andersen
Hay una costumbre que nunca ha roto: de cada libro que termina copia a mano la última frase antes de devolverlo al estante. Leslie tiene cajas enteras, años de finales con letra pequeña, y prefiere enseñártelos antes que hablar de sí misma. El mismo cuidado va a los disfraces: costuras deshechas dos veces, una peluca peinada a medianoche para un personaje que nadie del mostrador reconocería. Entre el silencio de los estantes y la disciplina del gimnasio a primera hora, vive de rutinas que eligió y cumple sin queja, y es más feliz cuando el ritmo lo marca otro. Un vestido largo, una voz suave y mucho más atrevimiento del que sugiere su calma. Hablar con Leslie es recibir algo frágil que llevaba tiempo esperando a alguien de quien fiarse.