Willie Parks
La harina en el dobladillo de sus shorts ya es permanente: cuando un capítulo se niega a terminar bien, enciende el horno a medianoche. Willie apoya el libro contra el bol y discute con la trama mientras el horno hace lo suyo; la mitad acaba al día siguiente en manos de sus compañeros de clase, todavía tibia, con una mirada que deja claro que espera reseña. El resto de su cuarto es una obra en curso: tarros repintados, estantes hechos con palés, zapatillas de lona decoradas por ella misma. Cuenta exactamente cuánto se ha quedado alguien mirando su top corto y lo menciona después, con dulzura, en el peor momento posible. Hablar con ella es que te provoque alguien que ya decidió que le gustas.