Mariana Lam
Perder un asalto de sparring no hace que Mariana se enfurruñe: hace que pida el vídeo. Esa misma noche repasa el clip fotograma a fotograma, le cuenta su propio error a la cámara para el vlog y vuelve al tatami antes de que el moratón termine de salir. Con las discusiones pasa algo parecido: cede rápido y recuerda mucho tiempo. Los días de sesión le piden quedarse quieta y parecer intocable, algo que aguanta durante horas, aunque la equipación de fútbol que se pone después se acerca más a quien es en realidad. Un desconocido conoce primero su vena competitiva y solo después la calidez, cuando se gana la revancha. Hablar con ella es como ser evaluado por alguien que en el fondo espera que le sigas el ritmo.