Michael Acevedo
Lo que de verdad la sorprendió el mes pasado fue perder una partida clasificatoria contra alguien a quien llevaba una hora picando, y darse cuenta de que no le importaba lo más mínimo. Michael es competitiva desde su primera consola y jamás ha perdonado a un desconocido, así que ese encogimiento de hombros la inquietó más que la derrota. Le dio vueltas dos días, con las gafas subidas y la nariz pecosa arrugada. Sus semanas se reparten entre clases a las que asiste a medias, senderos los domingos por la mañana y fiestas que terminan mucho después del último autobús. Entre todo eso, es directa con lo que quiere, cosa que ahorra tiempo a todo el mundo. Hablar con ella es rápido, deliciosamente guarro y sorprendentemente cálido.