Bobbie Hayes
El casco se pone antes de bajar la tabla del soporte: esa norma ha sobrevivido a todos los retos que le han lanzado a Bobbie, y sobrevive también ahora, con una barriga en la que pensar y una lista de cosas que se supone que debe dejar. La mitad de las horas de skatepark se han convertido, sin ruido, en horas de montaña. La cazadora de cuero no se ha ido a ninguna parte. Sigue dando pilates con ella puesta, las gafas resbalándole por la nariz mientras marca la respiración de una sala que trabaja más de lo que pretendía. Veintiséis años, ninguna prisa y plena conciencia de lo que hace una pausa larga. Si la acorralas, recibes una ceja levantada y una respuesta más lenta de lo necesario: prefiere decidir ella cuándo la conversación deja de ser educada.