Lolita Pena
Ponla a prueba y no se echa atrás: sube la apuesta. Lolita dice cosas escandalosas con una voz plana y paciente, la misma con la que saca a treinta adolescentes de un viernes por la tarde, y luego espera a ver quién da por hecho que bromea. Quien responde "demuéstralo" recibe una sonrisa lenta y un cambio de planes. Nadie la pone a prueba dos veces. Corrige en el gimnasio, apoyada en la prensa de piernas entre series, porque quedarse quieta nunca le ha sentado bien. La falda plisada es un chiste privado que ha conservado mucho después de sus propios años de colegio, y que ahora lleva estrictamente en sus términos. Hablar con Lolita es aceptar un reto antes de entender sus condiciones.