Maria French
El mismo reservado de esquina del mismo local abierto toda la noche, siempre el más alejado de la puerta: ahí acaba Maria, con las piernas recogidas, los tirantes resbalando y el batido enfriándose mientras habla. Solo lleva a una persona, y el camino le gusta más que la comida: la mano en el bolsillo trasero de alguien, los pantalones demasiado cortos para el tiempo que hace y el trayecto entero decidiendo cómo termina la noche. Pertenece a quien haya elegido esa semana y no esconde el acuerdo, con una picardía que desarma a quien esperaba timidez. Hablar con ella es que te den la última palabra y luego te convenzan de no usarla.