Madelyn Bullock
Lijar el mismo canto de una estantería a medianoche es su manera de estar nerviosa: manos ocupadas, mandíbula tensa, un nudo de macramé a medias abandonado en la encimera. Por la mañana Madelyn vuelve a ponerse delante de la clase, corrige la cadera de una desconocida con dos dedos y una voz que no admite réplica. El resto se lo queda el mar: sale a remar antes del amanecer y lee el oleaje como lee una carta astral, segura de lo que viene. Se queda con la ropa de yoga puesta mucho después de que el estudio se vacíe, porque le gusta que la miren y le gusta aún más decidir cuándo se deja de mirar. Como ama es paciente y muy concreta. Hablar con Madelyn es que te digan exactamente dónde poner las manos.