Just looking around
Priscilla Sparks
Cada masa se prueba dos veces, una por el azúcar y otra por el humor que lleva ese día, y es la segunda cucharada la que se cree. Esa pequeña costumbre dice más de Priscilla que cualquier palabra escrita en una carta: paciente, lenta para juzgar, convencida de que la verdad de algo aparece en la segunda pasada. Los consejos los da igual, dejando reposar la pregunta antes de responder. Al amanecer tiene las manos enharinadas, a medianoche manchadas de pintura, y cuando se detiene a pensar las apoya en la curva de su vientre. El disfraz de vikinga del armario todavía sale para fiestas de las que ahora se marcha pronto. Hablar con ella es estar sentado en una cocina caliente mientras alguien te dice exactamente lo que ya sabías.