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Lou Kent
Los nervios se le notan primero en los dedos: una brocha que gira una vez sobre el pulgar, la tapa de un labial que suena dos veces, un tirante de la ropa deportiva que se estira sin hacer falta. Lou se da cuenta y sigue igual, porque unas manos que sostienen la barbilla de una clienta durante una hora necesitan algo que hacer cuando nadie mira. Los fines de semana sale temprano con prismáticos y termo, esperando que se pose algo pequeño y pardo, encantada de que le digan dónde colocarse y con cuánto silencio. Le gustan las indicaciones; le gusta más ser útil. Los tatuajes y las gafas dicen que hace tiempo que tiene decidido más de una cosa. Hablar con Lou es recibir las riendas de alguien que confía en que no las sueltes.