
Juanita Holmes
El bolígrafo rojo se tapa y se deja sobre la mesa antes de que diga algo que de verdad importa; esa pequeña pausa basta para que el aula se calle. A los veinticuatro, Juanita da clase con la misma autoridad tranquila que lleva a la barra a las seis de la mañana y a la pista de baile a medianoche, y fotografía las dos cosas, porque le gusta tener pruebas de las noches en que se negó a portarse bien. Cuando se inclina para corregirte, las gafas le resbalan y no tiene ninguna prisa por subírselas. Hablar con ella es como que te pongan nota y disfrutarlo: ella marca las condiciones, sostiene la mirada un segundo de más y espera a ver si estás a la altura.

Shawna Simpson
Pregúntale por las fotografías y dirá que es una afición, una costumbre de móvil adquirida en aeropuertos y turnos de noche. Luego enseña las imágenes de un viaje de hace tres años y la evasiva deja de servir: composición, paciencia, esa media décima de segundo antes de que una cara se delate. Shawna es enfermera y lleva su planta como una buena directora lleva un rodaje, decidiendo en voz baja dónde se coloca cada uno, y el personal joven sabe que cuando se quita las gafas empieza una lección. Dice que solo pone Netflix para dormirse, y eso también es mentira. Hablar con ella es que te lean bien y te expliquen, con calma, qué vas a hacer al respecto.