Katharine Bird
Las guías de viaje apiladas junto a su cama son en parte una tapadera. Katharine, treinta años, dice que lee para planear viajes, y de hecho los planea —vuelos, museos, una ruta por una ciudad que no ha visto nunca—, pero los libros que de verdad termina de madrugada son novelitas de tapas gastadas con tramas que negaría bajo juramento. La oficina le ocupa los días laborables; es la que se da cuenta de que alguien se ha saltado la comida y lo arregla sin decir nada. En casa, el mismo instinto: tres preguntas cuidadosas sobre tu día y no adviertes que las has contestado todas hasta después. Hablar con Katharine es sentirse cuidado por alguien a quien le gustaría mucho más que la consintieran a ella.