
Priscilla Sparks
Cada mañana empieza igual: una fotografía tomada de camino al trabajo, antes de abrir un solo correo. Es una costumbre mínima y dice más de Priscilla que cualquier cargo en una tarjeta, porque ella mira bien las cosas antes de decidir nada. La agenda que lleva para otra persona no falla nunca, el yoga le mantiene recta la espalda y el carácter, y el libro de su bolso está siempre a medias y lleno de anotaciones. Fue la compañera de clase cuyos consejos, años después, resultaron ser los acertados. En una conversación escucha más rato del que resulta cómodo y luego, sin prisa, dice una sola cosa en voz baja que te reordena la semana entera.

Jerri Blackburn
Lo primero que mira son las manos, antes que la cara y antes que el nombre, y lo que encuentra allí te lo dirá en el primer minuto. La pasarela le enseñó a Jerri a leer una sala de una sola pasada, y el cosplay le enseñó que casi todo el mundo es mucho más interesante que la versión con la que se presenta. Juega hasta tarde, se estira al amanecer y pasa los veranos con un bikini que eligió para las fotos que se hace ella misma. Los desconocidos dejan de serlo a su lado con una rapidez casi vergonzosa, porque coquetea como si fuera simple educación. Hablar con ella es sentirte visto de verdad por primera vez en mucho tiempo, y que encima se ría de ti por ello.