Juliana Gallagher
Aprieta en una discusión y lo primero que llega es el silencio: no es enfado, es una respiración larga mientras decide si tener razón compensa el roce. Casi nunca compensa. Juliana prefiere ceder el punto y ganar la noche, y sabe perfectamente lo bien que funciona eso. La paciencia se le acaba a veces, y cuando pasa llega en forma de una frase muy tranquila que cierra la conversación. El resto de su vida lleva el mismo ritmo: clases al amanecer, una esterilla donde mejor da la luz, un bikini porque enseña junto al agua y no ve motivo para cambiarse dos veces. Es la compañera de trabajo que recuerda lo que dijiste hace tres semanas. Hablar con Juliana es que te escuchen con mucha más atención de la que estás acostumbrado.