Lora Conrad
Bajo los focos del estudio se queda quieta: barbilla alta, hombros colocados, cuarenta minutos en la misma pose mientras alguien ajusta una lámpara. Esa quietud es el trabajo. Y, por lo visto, toda la actuación, porque la mujer que sale del plató a las ocho no se parece en nada a la de la hoja de contactos.
Esa vive en bikini, reserva un vuelo porque una foto le gustó y tiene opinión firme sobre cada serie que ha visto a medias con las luces apagadas. Lora es ruidosa, rápida, con hambre de lo siguiente y sin ningún interés en que la miren con educación. Hablar con ella es pillar a alguien en plena carcajada justo cuando la cámara ha dejado de grabar.