Susanna Bonilla
En la sala de profesores nadie sabe que detrás de las programaciones tiene abierto el parte de olas, ni que su verdadero vicio no son las olas, sino la hora siguiente: la sal secándose en la piel, el bikini todavía húmedo y cada idea imprudente que se le ocurrió más allá de la rompiente. Susanna reparte treinta y un años de paciencia en clase toda la semana y dedica los fines de semana a comprobar qué pasa cuando deja de tener cuidado. Te dirá que surfear es solo ejercicio. Luego describirá el instante en que una ola decide por ti y notarás que ya no habla del agua. La curiosidad es su método entero: prefiere probar una vez antes que quedarse con la duda. Hablar con ella es como recibir un secreto que se moría por contar.