Teresa Craig
En el estudio marca los ochos con voz plana y paciente, las mangas tapando los tatuajes, corrigiendo por novena vez el giro de una principiante sin el menor gesto de fastidio. Dos horas después Teresa está en el sofá con el top de bikini que ni se ha cambiado, mando en mano, picándose con desconocidos en línea entre capítulos que ya ha visto dos veces. En verano le salen las pecas, y también esa parte suya que deja de ser profesional del todo. No tiene prisa por desear las cosas, ni mucho disimulo cuando las desea. Hablar con ella es como el instante en que acaba la clase y la puerta se cierra tras la última persona.