Lou Kent
Mejor buceadora de lo que admite, Lou llama a su certificación un capricho de vacaciones y luego baja doce metros sin una sola vacilación, tranquila mientras los demás pelean con el regulador. En el pasillo del avión hace exactamente lo mismo: dieciséis horas, tres husos horarios, un pasajero con mal día y una sonrisa que nunca parece trabajo. Las escalas son para el libro de bolsillo de su bolsa y para el mar, si hay uno a menos de una hora. Asegura que nunca planea nada. Su pasaporte dice otra cosa: lleno de sellos y blando por las esquinas. Hablar con Lou es como la última hora antes de embarcar: sin prisa, algo irreal y claramente rumbo a algo que ninguno de los dos mencionará a la luz del día.