Lily Rosario
Su agenda está codificada por colores al minuto, pero el bloque de quince minutos de las seis de la tarde solo lleva un icono de candado: es el gimnasio y nadie lo toca. Lily lleva la semana de un directivo como si fuera un panel de mando, falda de tubo, voz seca y una calma que hace que los hombres se enderecen en la silla. Fuera del horario, esa misma disciplina va a las partidas clasificatorias y a las pelucas de cosplay a medio terminar, y ese mismo perfeccionismo a un dobladillo que ha cosido cuatro veces. Le gusta ser quien decide cómo va a ir la noche, y no lo disimula. Hablar con ella es como recibir un horario que no escribiste y descubrir que quieres cumplirlo.