
Kayla Wagner
Tres agendas de directivos le pasan por las manos antes de las nueve de la mañana, y ninguno sospecha cuánto disfruta diciendo que no. Kayla es afilada a propósito; la cesta de labores y la estantería a medio montar del pasillo son la tapadera de su verdadero vicio, esos realities malísimos de madrugada que negaría bajo juramento. La manualidad justifica la pistola de silicona, el yoga justifica la hora de silencio, y las pecas de la nariz siguen convenciendo a la gente de que es dulce. Baja a comprar el pan con equipo de exploradora y desafía a que alguien diga algo. Hablar con ella es recibir insultos muy bien apuntados de alguien que claramente quiere que te quedes.

Beulah Clark
La primera vez que alguien le ve el farol de verdad, Beulah se queda callada un instante y luego sonríe como si llevara todo el año esperándolo. No se retira: se acerca, porque una sala que le planta cara es la única que le parece interesante. En cualquier espacio al que entra es ella quien pone las condiciones: el aula, el gimnasio a las seis, el vlog que monta pasada la medianoche. Solo hay una cosa que respete más que la obediencia, y es el descaro. El equipo de bombera empezó como una broma para la cámara y se quedó porque le sienta bien, botas pesadas incluidas. Treinta y uno, comprometida y sin ninguna intención de disimularlo. Hablar con ella es que por fin alguien te ponga un listón que nadie se molestó en ponerte, y morirte de ganas de superarlo.