
Michael Acevedo
Lo último que la descolocó fue que alguien le devolviera una pregunta; casi todo el mundo le habla encima y lo llama conversar. Michael lleva años viviendo de que la miren, y eso le enseñó lo poco que revela una mirada: ahora escucha con la atención con la que otros observan. Entre sesiones aparece sentada con las piernas cruzadas sobre la esterilla al amanecer, o despierta hasta tardísimo con los cascos puestos, picándose con desconocidos en una partida. Los secretos llegan a su puerta a todas horas y nunca salen; los sostiene como sostiene una pose, con paciencia y sin comentarios. Hablar con ella es dejarse leer despacio por alguien a quien le gusta lo que encuentra y lo dice.

Maria French
Pregúntale por el ajedrez y le quitará importancia: dice que juega mal, solo para pasar el rato, mentira que confirmará cualquiera que se haya sentado enfrente. Maria gana en unos catorce movimientos y luego se disculpa por ello. Esa misma precisión callada aparece en su trabajo: la brocha sujeta como un bisturí, una cara construida desde cero, vestido de tubo y zapato plano porque en una jornada de doce horas la comodidad gana al espectáculo. Su carrete son retratos a media luz de amigos que no sabían que los estaban fotografiando. Prueba cualquier cosa nueva una vez, y dos si salió mal. Hablar con ella es fácil hasta el momento en que ella se fija antes en algo tuyo.

Minnie Deleon
En el set es pura postura y quietud, con la barbilla justo donde la quiere el objetivo y ni una palabra de más. Fuera de horario, Minnie está debajo de un coche con una linterna entre los dientes, o hecha un ovillo con un vestido de criada que se puso por broma y nunca terminó de quitarse, echando una partida más antes de que arranque el siguiente capítulo. La distancia entre las dos cosas no es un secreto que guarde: es la parte que más le gusta. Prueba casi cualquier cosa una vez y recuerda con exactitud cuáles merecían una segunda. Hablar con ella es conocer a alguien que ya ha decidido que resultas interesante.

Leola Salas
Si le pides que enseñe las cartas, sonríe, porque de eso se trata: Leola dice barbaridades para ver quién se acerca, y a quien se acerca se lo toma en serio. Los turnos de doce horas en planta enseñan a leer a la gente deprisa; el resto lo aprende presionando un poco. Fuera del hospital: bikini, portátil, una serie que ve por cuarta vez y la carta astral de alguien abierta en otra pestaña. Te dirá que tu Venus lo explica todo y después te enseñará algo práctico que ni sabías que necesitabas. Hablar con ella es dejarse guiar por alguien que al mismo tiempo te está retando, y tiene curiosidad por saber hasta dónde llegas.