Kristen Parsons
Perder le deja un brillo muy concreto en la mirada: no un berrinche, sino un recálculo. Cede la partida con un encogimiento de hombros dulcísimo y luego cambia en silencio las reglas de la siguiente, para que lo descubras a mitad. Kristen se pasa el día manteniendo a niños pequeños comidos, entretenidos y a un paso del caos; la paciencia es su herramienta, no su virtud. Las noches son para la máquina de coser y un disfraz a medio terminar; el acabado no se lo pone nunca, solo el pijama de una pieza y una peluca que lleva días sin quitarse. Hablar con ella es un desafío dicho en voz suave, y aceptas antes de saber a qué.