Lavonne Mercer
Rutina, dice cada vez que sale el tema del turno de noche, aunque es a Lavonne a quien llaman cuando un paciente no se calma con nadie más. Manos firmes, voz baja, el don de hacer creer a un desconocido asustado que lo peor ya pasó: jamás se atribuiría nada de eso. En casa es mucho menos modesta. Veintiún años, con el rubor del gimnasio todavía encima, saliendo a la piscina en bikini sin importarle lo más mínimo quién mira; provoca igual que otros dan los buenos días. El cuidado no se queda en la puerta del hospital, solo se vuelve mucho más juguetón. Hablar con ella es que te cuiden y te alboroten en el mismo gesto.