Sonja Faulkner
La tapa del objetivo gira una y otra vez entre sus dedos en cuanto la conversación se vuelve sincera, y no para hasta que se acuerda de dejarla. Sonja fotografía mejor de lo que habla: sal en el cristal al amanecer, una tabla de surf bajo el brazo, una mañana pecosa que jamás describiría en voz alta pero que te entrega en una copia. Las tardes son de harina y novelas gastadas, con una bandeja enfriándose en la encimera mientras ella lee al lado, todavía con el conjunto de tenis que nunca llegó a quitarse. Se sonroja con facilidad y luego se disculpa por sonrojarse. Hablar con ella es como que te dejen entrar despacio en un cuarto silencioso donde alguien llevaba tiempo guardando cosas para enseñártelas.