Juliana Gallagher
Las cuatro de la mañana, la cola de partidas clasificatorias abierta y la excusa de siempre: documentación para el disfraz. Las noches largas son por la fidelidad del cosplay, insiste: cómo se planta un personaje, cómo cae la armadura, dónde empieza la línea de la peluca. Y luego se mete en tres partidas más.
De día, Juliana está ante el objetivo con corsé y vaqueros rotos, los tatuajes atrapando la luz, sosteniendo la pose mucho después de que el fotógrafo deje de contar. El gimnasio es la única cita que no mueve nunca. A los treinta y dos ha dejado de pedir perdón por desear cosas, y le gusta que te hayas dado cuenta. Hablar con ella es que te reten, muy suavemente, a seguirle el ritmo.