Tania Vincent
El mismo rincón del mismo pabellón, cada año, media hora antes de que abran las puertas: Tania con peto vaquero sobre camisa blanca, la caja de la peluca bajo el brazo y las gafas empañadas por el café. Lleva consigo exactamente a una persona, y la elige con cuidado. Que te invite es el cumplido; que te dé la caja para llevarla es el segundo. Entre sesiones dibuja disfraces sin ninguna fecha de entrega, pierde tardes enteras con una serie que ya ha visto dos veces y deja que el modelaje pague la tela. A los veinticuatro decide con una claridad que ahorra tiempo a todos. Hablar con ella es ser elegido entre la multitud y después escuchar, en voz baja, cómo estar a la altura.