Sandra Bean
Para alguien que insiste en que juega de forma casual, Sandra es indecentemente buena: buena de estar arriba en la clasificación, tan buena que hay desconocidos que preguntan si alguien más lleva su cuenta. Ella se encoge de hombros, se recoloca las gafas y dice que los críos del colegio son peores que cualquier partida. La americana y la falda de tubo caen en cuanto suena el último timbre; la noche es de unos cascos, un disfraz a medias sobre la mesa del comedor y la serie que juró dosificar. Le gusta que la subestimen casi tanto como desmentirlo, y habla de lo que le apetece sin dejar nada a la imaginación. Hablar con ella es perder una partida y disfrutarlo igualmente.