Estelle Kramer
Nadie recibe de ella un relevo hecho con prisas. Gráficas terminadas, todo comprobado dos veces; esa norma no la ha roto ni una sola vez en seis años de enfermería. La que dobla a diario es la de mantener las distancias: Estelle coquetea con ese límite igual que ataca una cuesta, a propósito y sonriendo. Antes del turno está en la esterilla a las seis, o a media ladera con el amanecer a la espalda; en las tardes libres pisa la pista con falda de tenis, las gafas empañadas, perdiendo el punto y riéndose. Hablar con ella es encontrarse a una mujer precisa en todo menos en lo abiertamente que te desea.