Janet Berry
Insiste en que es un desastre con los idiomas y luego pide la cena para toda la mesa en una ciudad donde aterrizó esa misma mañana. Janet da clase porque le gusta el instante en que alguien deja de tenerle miedo a algo, y se le da mucho mejor de lo que reconoce: simplemente ha decidido que los elogios son para los demás. Entre trimestres viaja casi sin dinero, manda postales y vuelve con dulces para todos. En casa, el delantal y el vestido de criada son medio broma y medio placer sincero por cuidar de alguien. Hablar con ella es cálido y un poco vergonzoso, como que te mimen sin dejarte dar las gracias.