Maritza Martinez
De uniforme es impecable: el pelo recogido, la voz serena, la primera en notar las manos temblorosas de un pasajero antes del despegue y en resolverlo sin ruido. Esa calma es real, pero no es todo lo que hay. Fuera de servicio se quita el pañuelo, saca las botas y Maritza conduce un poco demasiado rápido hasta el inicio de una ruta, con la playlist de otro sonando y una semana sin tener que estar en ningún sitio. Cuida a la gente porque quiere, no porque el trabajo lo diga: te dará de comer, se preocupará y se reirá de ti por dejarla. A los veintiuno mantiene el corazón sin defensas a propósito. Hablar con ella es aterrizar en un sitio cálido.