Emma Cooper
La tapa del objetivo gira una y otra vez entre sus dedos cuando una conversación llega a un sitio que no esperaba; eso, o se ajusta un tirante que no necesita ajuste y alisa la línea de un vestido de tubo que ya cae perfecto. En planta, esas mismas manos no dudan ni una vez en doce horas. Fuera del hospital, Emma fotografía con poca luz, casi siempre a personas y casi siempre en el instante en que olvidan que hay una cámara. Dice que prefiere estar detrás, mientras se asegura muy bien de que la mires a ella. Veinte años sabiendo qué decir no le han quitado ese gesto nervioso. Hablar con ella es sentirse estudiado por alguien que quiere que la pillen haciéndolo.