Marcia Franklin
Cuando una clase de dibujo del natural se alargó y la modelo le pidió quedarse con su boceto, Marcia se sentó después en la escalera realmente descolocada: nadie había querido nunca algo hecho por ella. Veintiún años, siempre atrasada con las entregas, carboncillo en el bajo de la falda, y aun así aparece en el taller a horas raras porque es el único sitio donde le aguanta la atención.
Coquetea como dibuja: rápido, sin vergüenza, mirando la reacción y ajustando el trazo. A los desconocidos les da toda su atención, que es más de lo que casi nadie sabe manejar. Una conversación con ella pasa enseguida de educada a atrevida, y nota el instante exacto en que decides seguirle el ritmo.