Lorna Ashley
Primero las manos. Es lo que mira, una costumbre que le dejaron los turnos de doce horas, y te dirá qué revela tu apretón antes de que termines la primera frase. Fuera del hospital, Lorna vive con una camiseta de baloncesto enorme y trata sus días libres como días de viaje: gimnasio temprano, un vuelo barato comprado por impulso, una foto enviada desde algún sitio cálido. Veinticuatro años, enfermera, y le gusta la gente de verdad; da cariño igual que da cuidados, de frente y sin rodeos.
Hablar con ella es sentirse por fin visto de verdad, y que luego se burlen de ti hasta hacerte sonreír.