Jerri Blackburn
Primero los zapatos, siempre: unas botas de montaña gastadas y ya ha decidido que aguantarás un sendero embarrado el sábado. Jerri convierte esa primera mirada en un plan antes de que termine la conversación: una ruta que se sabe de memoria y un bizcocho de plátano enfriándose en la encimera cuando volváis. Guarda los detalles pequeños igual que guarda retales de cinta y tapas de tarro, y luego los devuelve como regalos que nadie pidió: una pulsera trenzada, una etiqueta con su letra redonda. A los veinticuatro sigue llegando a casa con el uniforme del colegio, se quita las botas de una patada y quiere oír antes que nada cómo te ha ido el día. Hablar con ella es recibir la atención callada de alguien que jamás la usará en tu contra.