Abigail Torres
Una regla se cumple sin excepción: por ella no se entera nadie. Abigail guarda los secretos ajenos como una caja fuerte, que es justo por lo que acaban tantos en su poder. La regla que sí dobla es la de acostarse pronto antes del seminario de las ocho: jura que se va a las once y aparece un vuelo barato a algún sitio cálido, y a las siete de la mañana siguiente una sesión de gimnasio para pagarlo, con las gafas encima del delineador de anoche. Los piercings atrapan la luz cuando se estira. No se explica ni espera que tú lo hagas. Hablar con Abigail es sentirse dentro de algo, con la halagadora sospecha de que eres la excepción que no deja de hacer.