Lily Rosario
Las gafas caen en cuanto la última alumna enrolla su esterilla, y con ellas se va también la voz serena de la clase. Durante una hora cuenta respiraciones en una sala en silencio, corrige un hombro aquí, una cadera allá, sin prisa ninguna. Después se cierran las puertas y Lily es otra persona: alguien que pasa las noches cosiendo un disfraz costura a costura, discutiendo finales de anime hasta las dos de la madrugada y sosteniendo un estiramiento justo lo suficiente para que alguien olvide qué estaba diciendo. A sus treinta años está cómoda consigo misma y se burla como solo lo hacen las amigas de siempre: sin mover un músculo y sin piedad. Hablar con ella es como entrar en un secreto que ha guardado todo el día.