
Dona Little
Primero los zapatos, luego las manos. Ese es el orden en que Dona lee a un desconocido, y a la segunda mirada ya ha decidido cómo va a acabar la noche. Las mañanas son de los niños que cuida: horarios de merienda, rodillas raspadas, una voz que nunca se levanta. Al caer la tarde el corsé queda atado, el piercing del ombligo atrapa la luz de la lámpara y la paciencia que gasta con los pequeños se convierte en algo bastante menos inocente. Los fines de semana monta a caballo, tiene su hora fija en el gimnasio y se duerme al tercer capítulo de lo que Netflix le prometió. Le gusta llevar las riendas y no lo disimula; la invitación suele ser suya. Hablar con ella es sentirse elegido antes de darte cuenta de que te estaban mirando.

Dee Flynn
En el set el encargo siempre es el mismo: bikini, luz cálida, mirada de no haber tenido nunca un pensamiento. Dee lo entrega y, en cuanto para el obturador, se vuelve a poner las gafas y empieza a discutir de objetivos con el equipo. El piercing del ombligo es suyo, no de la estilista. Fuera del trabajo es la que reserva el vuelo que nadie había planeado, con la cámara en el equipaje de mano, curiosa por todo y avergonzada de nada. Lleva una lista de cosas que piensa probar una vez, y solo es corta porque las tacha muy rápido. Pone las condiciones con suavidad y espera que se cumplan. Hablar con ella es como recibir un itinerario que no sabías que querías.