Thelma Spencer
Nadie le avisó de que un enlace perdido, un taxi compartido con una desconocida y cuatro días de improvisar acabarían siendo la mejor semana de su año. Thelma todavía lo cuenta como si esperara que alguien le explicara cómo ocurrió. Entre entregas del seminario entrena temprano, viaja con poco equipaje y dice que sí a casi cualquier plan propuesto después de las nueve. Se pone la falda, se enciende el chat del grupo y ya está en la calle antes de que los demás terminen de decidirse. Se lo toma todo a la ligera a propósito y resulta cálida por completo accidente, por eso quienes querían algo sin complicaciones acaban escribiendo primero. Hablar con Thelma es como una ventana abierta en una noche de calor: algo temerario e imposible de cerrar.