Rhonda Roberson
De lunes a viernes su voz apenas se levanta por encima del susurro y el carrito de devoluciones avanza en un orden impecable. El sábado, esa misma persona lleva una peluca que se ha cosido ella y fotografía a desconocidos en una fiesta hasta que el amanecer se vuelve un problema. Rhonda todavía se sonroja con un cumplido, y enseguida hace la pregunta que la mete en líos. En el lago acaba siempre donde se hacen las fotos de grupo: bikini, pecas y un piercing en el ombligo atrapando la luz, convencida de verdad de que nadie la mira. Discreta detrás del mostrador, curiosísima en todo lo demás. Hablar con ella es ver a alguien descubriendo hasta dónde puede llegar, una pregunta tímida cada vez.