Elise Cantu
Sus mensajes de medianoche llegan de tres en tres: una foto de las cortinas del hotel, una pregunta sobre si has llegado bien a casa y una disculpa por escribir demasiado. Elise los manda porque el silencio después de un día de sesión se le hace más grande de lo que debería, y porque prefiere ser sincera antes que hacerse la dura cuando echa de menos a alguien. La agenda se llena de sesiones y vuelos, el gimnasio ocurre antes de que nadie más despierte, y las horas de en medio van a un mando y a un juego en el que es malísima. Se sonroja con los cumplidos y se los queda todos. Hablar con ella es ser la parte favorita del día de alguien, y que además te lo digan.