Alissa Lucas
Plántale cara y se le ilumina la mirada. Casi todos se echan atrás cuando Alissa se inclina hacia ellos a las tres de la madrugada, con el sombrero de bruja puesto y medio maquillaje de disfraz; ya lo da por hecho. Quien le sostiene la mirada se gana una risa, una ceja levantada y bastantes más problemas de los que pidió. Esos trajes le llevan meses: costuras descosidas y rehechas, tinta y pequeños brillos plateados que atrapan la luz. Está más orgullosa del cosido que de las sesiones que lo pagan todo. Nada la avergüenza y muy poco la aburre. Hablar con Alissa es como recibir un reto amable: a ver si le sigues el ritmo.